La clave es no excederse

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La ingesta de calorías debe aumentarse en 500 a las necesarias en estado normal. Además, se aconseja consumir tres porciones de proteínas (carne, pollo, pescado), tres de lácteos (leche, queso, kumis) y ocho de harinas (pasta, pan, arroz, cereales) al día. También es importante el consumo de frutas y verduras.

Dentro del menú, es indicado empezar a restringir las grasas y por eso es mejor cocinar los alimentos al vapor o a la plancha. El azúcar no debe eliminarse por completo, pero sí es adecuado ingerirlo en pequeñas cantidades.

La ingesta de líquidos es esencial. Al día es ideal consumir entre ocho y diez vasos de agua o jugos naturales para propiciar una buena producción de leche. En general, se trata de comer de todo sin excederse en nada. Si la mujer presenta problemas de estreñimiento, es primordial que incluya en la dieta alimentos con fibra, como frutas, verduras, legumbres y cereales.

Es preciso tener en cuenta que el estado de ánimo a veces influye en la nutrición de la madre. Algunas mujeres con depresión posparto tratan de sentirse mejor comiendo y terminan aumentando de peso exageradamente. Este tipo de conductas hay que evitarlas porque pueden perjudicar la salud de ella, como la de su hijo.

Para evaluar el desarrollo nutricional luego del parto, es aconsejable asistir a un chequeo médico a las seis semanas después de dar a luz. Allí, se realiza un control de peso para analizar si la madre está comiendo correctamente y si es necesario, se establece un plan alimentario específico.

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